miércoles, 23 de noviembre de 2011

ReflexiónDeHoy - Anna Ruiz, "Mi primera experiencia con el yoga"


Nunca me había atrevido a iniciarme en el yoga, tal vez porque era reticente a ello, o porque no se había dado el momento adecuado. Pero creo que a veces nos decidimos sin saber muy bien porqué a probar nuevas cosas, a entrar en lo desconocido y lo más bonito de esos momentos es cuando nos damos cuenta de la satisfacción que nos produce haberlo hecho y nos planteamos ¿porqué no lo habré hecho antes? Aunque también pienso que si en ése momento nos fue bien, fue porque era el momento de hacerlo y no antes ni después.

Pues precisamente esto me pasó a mí el domingo pasado con mi primera clase de yoga. Quería probar una actividad diferente, y pensé que ésta sería una buena manera de acabar la semana relajada y así empezar una nueva con más energía y positivismo.

De la clase del domingo me quedo con muchas cosas, pero sobretodo con el hecho de ser positivos, a mi me transmitió mucho positivismo y muy buena energía, sobretodo el poder olvidarme de todo durante un rato, de estar tranquila sin pensar en nada y concentrándome en mi misma, en sentirme a mi misma y conocerme mejor a todos los niveles, cosa que es muy necesaria y por la vida que llevamos y la sociedad en la que vivimos no nos conocemos suficientemente, no pasamos tiempo con nosotros mismos reflexionando, pensando o simplemente relajándonos, y precisamente por eso me gusta el yoga, porque es un espacio de conocimiento interior. La última idea que comentaría de ésta clase sería la constante de aceptarnos a nosotros mismos tal y como somos y aceptar lo que proviene del exterior, las cosas tal y como son.

A nivel práctico de la clase destacaría la figura del sol y el contraste constante entre la inspiración relacionada con el momento de tensión corporal y la expiración con el de relajación. También la música de fondo contribuía a crear un ambiente y una atmosfera de silencio, concentración y relajación.

Finalmente al salir de la clase salí con una sensación muy grande de paz interior, con más ganas de fomentar mi autoestima y muy relajada después de todo el estrés acumulado durante la semana. Por tanto es una práctica que os recomiendo a todos, aunque nunca hayáis creído demasiado en ella. ¡Yo ya estoy deseando que sea domingo otra vez!

domingo, 20 de noviembre de 2011

InfoDeHoy - Meditación sobre la sensación



La meditación sobre la sensación es muy conocida y muy utilizada. Se parece mucho a
la meditación sobre la respiración y se basa en la respiración para llegar a un estado
preliminar de quietud en la mente. A partir de ahí, el objetivo es ir centrándonos en las
sensaciones del cuerpo.



     Práctica

Al sentir nuestro cuerpo, la conciencia crece y el ego decrece hasta desaparecer.
Cuando sentimos todo nuestro cuerpo como energía; nuestras manos, nuestros brazos,
nuestros pies, nuestra lumbar, etc. estamos atentos al presente. Permanecer en el
estado de sensación es realización, es iluminación. Pero no se alcanza en un día,
aunque con la práctica la meditación se intensifica cada día y llega un momento en que
mantenemos la mente quieta y los pensamientos ya no nos importan tanto. Nos enseña
a escuchar, a observar la realidad sin juzgarla y a sentir una profunda paz en cualquier
situación.


     Ejercicio principal

Nos sentamos con la espalda recta en la silla sin apoyar en el respaldo o en la posición
explicada anteriormente en nuestro cojín de meditación. Cuando encontramos nuestra
postura, comenzamos a practicar la respiración, centrándonos en la expiración (sacar
aire), la inspiración surge por sí sola. Respiramos al bajo vientre.
Siente como tu vientre se infla, hay un momento que mantienes y después se desinfla.
Después de unos 2 minutos respirando, nuestra respiración será más profunda y
relajada. No hay que forzar nada, sólo dejarlo ser, aunque al principio te costará no
forzarla. Como dije, es una práctica gradual y necesita paciencia. Si los pensamientos
vienen, los observamos y los dejamos que se vayan, sin agarrarnos a ellos.
A partir de ahora, comienza la meditación sobre la sensación. Comenzamos a dirigir
nuestra atención a las manos. “Yo no siento nada” dirá tu ego, pero céntrate en la
sensación. Está ahí, sólo tienes que poner la atención e irá intensificándose. Comienza
a sentir tus dedos, tus uñas, tus muñecas. Después dirige tu atención a los brazos, los
codos. Siente los hombros. Ahora suma tu atención en las plantas de los pies, tus
dedos, el talón. Después sube gradualmente hacia las piernas; los gemelos, las rodillas,
los muslos. Sintiendo los brazos y las piernas, sumamos también el vientre, la coxis.
Añadimos los pulmones, observamos la respiración y sentimos nuestro cuerpo.
Después el cuello, lo destensamos y sentimos el occipital, la parte frontal de la cabeza.
Vuelve a leer las partes que tienes que sentir para acordarte y así profundizar en la
sensación, que en realidad no tiene un límite, es infinita.
Puedes tener los ojos cerrados y mantenerte en la sensación el tiempo que quieras. Si
te sientes en paz o más relajado, has accedido al estado meditativo. Cada vez que
practiques, será más profunda. Más adelante, prueba de practicarla con los ojos
abiertos.



"- Maestro, ayúdame a encontrar la verdad.
- ¿Percibes la fragancia de las flores?
- Sí.
- Entonces no tengo nada que enseñarte."      -Koan Zen


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