sábado, 31 de marzo de 2012

ReflexiónDeHoy - Test de la autorealización

Estos 10 aspectos que constituyen este test el cuál ni mucho menos pretende ser un estudio científico fueron pensados por mí como causas principales de la felicidad y la autorealización. Responde a cada aspecto con un sí si cumples el aspecto, o un no si no lo cumples.

TEST

1. Tienes un horario estable
2. Duermes bien
3. No tienes adicciones
4. Practicas ejercicio
5. Sabes relajarte
6. Te alimentas de forma sana
7. Meditas regularmente (dejas un tiempo para ti mismo)
8. Practicas el altruismo (piensas en los demás, voluntariado, etc.)
9. Haces alguna actividad que te encanta
10. Das amor (y no te enfadas)

Ahora cuenta todos los sí. Suma 1 punto por cada sí y 0 puntos por cada no,

Asi tendrás tu nota del 0 al 10.


   ¿Qué nota tienes? Comparte si te parece que puede ayudar a reflexionar o comenta.


Ahora toca mejorar!


John Lennon.
"Cuando yo tenía 5 años, mi madre siempre me decía que la felicidad es la clave para la vida. Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera grande, escribí feliz. Me dijeron que yo no entendía la pregunta. Entonces les dije que ellos no entendían la vida."

InfoDeHoy - Meditación sobre el sonido

Prestar atención al sonido es muy parecido a observar un objeto, pero en vez de utilizar
la vista, utilizamos el oído. La atención se centra en los sonidos sin etiquetarlos de
desagradables o agradables.

Práctica
Con nuestro oído alerta en escuchar los sonidos, pero sin etiquetarlos ni centrarnos en
que son, nuestra mente se sitúa en el presente. De esta forma, nos damos cuenta de
sonidos que no escucharíamos si estuviéramos pensando. También nos ayuda a
centrarnos para aprender a escuchar, porqué con la mente en silencio podemos
escuchar verdaderamente sin prejuicios ni opiniones.


Ejercicio principal

Nos sentamos en la postura explicada anteriormente o cómodamente sentados con la
espalda recta sin apoyarnos en el respaldo. Si se desea, se puede practicar también
caminando. Oímos. No importa si son ruidos molestos ni desagradables, aunque al
principio mejor que no haya muchos sonidos que puedan desconcentrarnos. Vamos
escuchando los sonidos, también podemos oír nuestra respiración o quizás los latidos
del corazón. Podemos utilizar música relajante y centrarnos en ella, será más fácil al
principio. Si no hay música relajante y los sonidos se paran, queda el silencio.
Escúchelo. No oirás nada pero la mente quedará quieta, en el momento presente, sin
esperar el siguiente momento. Si nos desconcentramos en el silencio, podemos cambiar
de meditación o centrarnos en el vaivén de la respiración.



Cuento

“Un maestro zen iba caminando en silencio con uno de sus discípulos por un sendero
de montaña. Cuando llegaron a un viejo cedro, se sentaron a su sombra para comer un
poco de arroz y verduras. después de comer, el discípulo, un monje joven que todavía
no había encontrado la clave del misterio del Zen, rompió el silencio preguntándole al
maestro:
-Maestro, ¿como puedo entrar en el Zen?
Estaba preguntando, por supuesto, cómo entrar en el estado de conciencia que es el
Zen. El maestro permaneció callado durante varios minutos. Mientras, el discípulo,
aguardaba ansioso una respuesta. Estaba a punto de hacer otra pregunta cuando el
maestro habló de pronto:
-¿Oyes el sonido de aquel arroyo de montaña?
El discípulo no se había fijado en ningún arroyo. Había estado demasiado ocupado pensando en el significado del Zen. Pero cuando se concentró en escuchar el sonido, su ruidosa mente se fue callando. Al
principio no oía nada. Después, su pensamiento dejó paso a un estado de alerta acentuada, y de pronto oyó el murmullo, apenas perceptible, de un arroyo lejano.
- Sí, ahora lo oigo- dijo.
El maestro levantó un dedo y, con una mirada en los ojos que, de algún modo, era a la vez amable y feroz, dijo:
-Entra al Zen por ahí.
El discípulo quedó pasmado. Era su primer satori: un relámpago de iluminación. ¡Sabía
lo que era el Zen sin saber que era lo que sabía!

Continuaron su viaje en silencio. El discípulo estaba asombrado de la vitalidad del
mundo que lo rodeaba. Lo experimentaba todo como si fuera la primera vez. Pero, poco
a poco, empezó a pensar de nuevo. La quietud en alerta volvió a quedar tapada por el
ruido mental y al poco rato tenía otra pregunta.
-Maestro -dijo- He estado pensando. ¿Que habrías dicho si yo no hubiera sido capaz de
oír el arroyo de la montaña?
El maestro se detuvo, levantó el dedo y dijo:
-Entra al Zen por ahí.”

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